Este miércoles 18, llamado Miércoles de Ceniza, inicia el lapso de 40 días previo a la Semana Santa, que recuerda el tiempo que pasó Jesús en el desierto, resistiendo a la tentación
Humberto Contreras/InfoReplica
El calendario litúrgico marca hoy una de las fechas más significativas para millones de fieles en el mundo: el Miércoles de Ceniza. Este día no solo representa el fin de las festividades del Carnaval, sino que abre oficialmente la Cuaresma, el periodo de 40 días previo a la Semana Santa, dedicado a la reflexión de reflexión, penitencia y conversión.
La práctica de utilizar ceniza como signo de arrepentimiento tiene raíces profundas en la tradición judía. En el Antiguo Testamento, los fieles cubrían su cuerpo con ella para simbolizar luto o una voluntad sincera de volver a Dios. Fue hacia el siglo X cuando la Iglesia católica institucionalizó el rito actual de la imposición de ceniza en la frente, extendiéndose por todo el mundo cristiano.
El simbolismo de «ser polvo»
El rito central que caracteriza la actividad del Miércoles de Ceniza, consiste que el sacerdote traza una cruz en la frente del creyente, mientras se pronuncia la frase: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás” o “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
Según la Agencia Católica de Informaciones, ACI Prensa, este gesto recuerda la fragilidad de la vida humana y la necesidad de renovación espiritual. Curiosamente, la ceniza utilizada cada año, proviene de la quema de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, cerrando así un ciclo litúrgico de redención.
Compromiso y tradición actual
Más allá del rito externo, la actividad invita al ayuno y la abstinencia en el consumo de carne, prácticas que la Iglesia propone para fortalecer la voluntad y la solidaridad con los necesitados. El lapso de 40 días de la Cuaresma evoca además, el tiempo que Jesús pasó en el desierto enfrentando la tentación.
En la actualidad, el Miércoles de Ceniza trasciende lo puramente religioso para convertirse en un fenómeno cultural que invita a la pausa en una sociedad acelerada. Es, en esencia, un llamado a la humildad y a la preparación del corazón para celebrar el misterio de la Pascua..