Comencemos por sincerar y conocer qué tipo de desarrollo se debe dar con miras al siglo XXI, partiendo de que no se pueden repetir los errores del siglo pasado, dice José Rozo expresidente de Fedecánasras Táchira y la Cámara de Comercio de San Antonio
Humberto Contreras/InfoRéplica+
Este año 2026 se nos ha presentado a los venezolanos como un año de muy posible crecimiento económico, y de posibilidades de desarrollo en general, que despiertan a la luz de los cambios. El Táchira es un estado que tiene perspectivas importantes para su futuro inmediato, y en particular la zona fronteriza, que fue en sus tiempos, un emporio de desarrollo.
Para conocer una visión de las posibilidades inmediatas de la frontera, conversamos con José Rozo, conocedor en profundidad de la zona, por su condición no solo de residente, sino también por ser dirigente social y empresarial, quien se desempeñó como presidente de la Cámara de Comercio de San Antonio del Táchira y posteriormente como presidente de Fedecámaras Táchira.
Le pedimos de entrada, su visión sobre la situación económico social actual, y las perspectivas de cambio, en particular por supuesto, de San Antonio y Ureña, en el aspecto de desarrollo industrial. Para iniciar, nos transportó a dos década atrás.
— Sobre las condiciones económicas en que se encuentran ahora San Antonio del Táchira y Ureña, alertamos cuando el expresidente Chávez, en su controversia con el presidente Uribe de Colombia, amenazó con llevar el comercio con ese país “a cero”, y seguidamente retiró a Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Estamos hablando de 2006, cuando me desempeñaba como presidente de Fedecámaras Táchira. Entonces, encendimos las alarmas, pero la mayoría no lo entendió.
Podemos decir, señala, que la destrucción económica y del bienestar social del país empezó por aquí, por el eje San Antonio – Ureña. El gobierno, al impedir el acceso a materias primas, insumos, productos semielaborados etc., que se importaban de Colombia, tuvo un efecto devastador en la pequeña empresa manufacturera, la mayor fuente de empleo en la zona, en el Táchira y en el país.
— También hay que acotar, que Colombia no fue lo suficientemente transparente. Sus instituciones se prestaron para apropiarse de manera fraudulenta de millones de dólares por las falsas exportaciones. Técnicamente, el trámite se hacía en sus sistemas, la mercancía no llegaba a Venezuela, pero sí les llegaban los entonces codiciados dólares preferenciales.
— Hubo por supuesto, complicidad de funcionarios y particulares venezolanos, para tan descarado robo que, por cierto, denuncié en entrevistas de El Nacional de Caracas y de Caracol de Colombia, dice Rozo, y agrega: Tuve desavenencias con la Cámara de Integración Colombo-Venezolana de ese entonces, pues mostraban una cifra en millones de dólares, por supuesto más elevada que la que yo manejaba.
Todas estas cosas ayudaron y justificaron al régimen, para hacer lo que hizo, resume el dirigente empresarial. Con estos hechos, se sensibilizó y manipuló la opinión pública a su favor, para que la gente no viera lo que les vendría posteriormente. Es muy oportuno repasar o conocer contextos históricos que nos trajeron a esta desgracia.
Perspectivas de cambio
Con respecto a las perspectivas de cambio que me preguntas, comencemos por sincerar y conocer qué tipo de desarrollo industrial y comercial se debe dar, con miras al siglo XXI, partiendo de que no se pueden repetir los errores del siglo pasado permitiendo a diestra y siniestra todo tipo de industrias. Las que se instalen deben ser lo menos impactantes y contaminantes del medio ambiente que nos queda.
— Que no hagan del rio Táchira el basurero de sus desechos, plantea Rozo. Que no usen el agua potable en sus procesos industriales, pues sería un crimen contra natura. Que sean empresas éticamente responsables, y no mamparas para evadir impuestos y contrabandear. Esos abusos no deben repetirse ni permitirse más nunca, ni aquí, ni en ningún lugar de nuestro Táchira.
Por otra parte, indica, debemos entender que no hay desarrollo económico sin seguridad. Es público que la guerrilla del ELN prácticamente ejerce la gobernanza en algunos municipios, y que tienen incidencia directa en todas las operaciones aduaneras. Ahí, el estado tiene que hacer también su trabajo, pues como me dijo un empresario amigo, del interior, cuando lo invite a invertir en el Táchira, ¿tú quieres que me extorsionen o me secuestren?
— En cuanto al comercio, debería crearse una Zona de Libre Comercio, y un Tratado de Libre Comercio, TLC, entre Venezuela, Colombia y Ecuador, mientras se estudia un mercado más amplio y más general. Esto no es nuevo, se hizo en la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, y del presidente de Colombia para la época, César Gaviria. Fue el introito para el mercado más abierto y ambicioso como lo fue la Comunidad Andina de Naciones CAN.
¿Tiene más futuro la frontera colombiana?
Algunos analistas que hablan positivamente, destacan que, sin embargo, tiene más futuro inmediato la parte fronteriza colombiana. Según tu conocimiento de la zona, ¿qué esperas en el futuro inmediato en aspectos como inversión y áreas en las que se puede esperar más rápido desarrollo?
— Estos espacios de nuestra geografía terrestre, explica nuestro entrevistado, tienen que tomar lo mejor de lo bueno, y lo bueno de lo malo del siglo pasado. Me refiero también, explica, por supuesto a todo el Táchira, que en general, tiene que desarrollar su economía propia sin depender de países vecinos. Los de mi generación, debemos recordar que, antes no dependíamos de eso de “a cómo amaneció el bolívar”, pues eran poquísimas las veces que se iba al otro lado.
El Táchira tiene como desarrollar su propio sistema económico. Creo que la sociedad civil del siglo XXI debe mirar más hacia adentro. Los planteamientos que algunos voceros, tanto del gobierno como particulares hacen, son los mismos del siglo pasado. Están anclados en una zona fronteriza que ya no existe porque ya pasó. Son caducos.
Algunos me dicen que “para volver como antes”, a lo cual les digo que parte de eso, nos trajo esta ruina. Y es que, de nuestros espacios terrestres, como el eje fronterizo San Antonio del Táchira y Ureña, se han beneficiado los politiqueros, las bandas de contrabandistas y criminales, los oportunistas y la corrupción en general.
Nuestro eje fronterizo del siglo XXI, continúa. Debe estar libre de estas malas prácticas, debe estar cimentado en la práctica de la legalidad, del comercio legal, del trabajo digno y de empresas con un alto grado de responsabilidad social empresarial, y no de fachadas para el contrabando o el lavado de dinero y de activos.
Cuando esto ocurra, San Antonio del Táchira y Ureña serán un destino para la inversión. Te cuento una anécdota que ilustra lo que te digo: Siendo presidente de Fedecámaras, en 2010, asistí a una reunión de inversionistas colombianos, apalancados por su gobierno, promoviendo inversiones inmobiliarias en Bucaramanga, Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena etc.
Pregunté por qué no estaba Cúcuta incluida. La respuesta fue tajante: En Cúcuta, por ser frontera, no están aseguradas las inversiones, por su dependencia de la economía venezolana. Es decir, no había estabilidad económica. A buen entendedor pocas palabras.
En eso también se ha convertido el estado Táchira en general, pero sí tiene como sacudirse esa oscura imagen para la inversión nacional y extranjera, dice. El Táchira tiene montaña y tiene llano y un clima excesivamente favorable para la inversión y el desarrollo. El tachirense es muy inteligente y honrado. En el proceso de construcción de la Venezuela del siglo XXI, el Táchira y sus espacios fronterizos tienen la gran oportunidad de diseñar economía propia, y sacudirse de esa economía prestada a la que está anclado. Para ello se requiere creatividad y recursos humanos calificados.
— ¿Por dónde empezar? Por la vialidad. Hay que rehacer todo el sistema de carreteras, necesitamos vías modernas para conectar en un par de horas con los puertos marítimos del país. De esta forma abaratamos costos de producción y venta de bienes producidos en el estado, y para que insumos y materias primas, lleguen a nuestras fábricas en el menor tiempo posible.
¿Que tiene más futuro inmediato la parte fronteriza colombiana? Es verdad. La desigualdad con nuestros municipios fronterizos es enorme: Cúcuta es capital de departamento. Está sobre dos millones de personas. San Antonio del Táchira y Ureña en la actualidad no llegan a cien mil, prácticamente lo que puede tener un barrio de Cúcuta.
Además, ese país ha evolucionado comercial e industrialmente. Ha actualizado y modernizado sus leyes, mientras aquí vemos por los medios de comunicación a connacionales rogando a las autoridades colombianas, y hasta nos molestamos porque no nos dejan ir a su país sin cumplir con las disposiciones legales de su ley de tránsito. A eso hemos llegado.
Debemos cambiar esa visión de que, hay que reforzar el comercio con el país vecino. Lo que debemos es canalizar todos los esfuerzos y recursos a fortalecer la producción de bienes y servicios tachirenses, y no distraerse de esos objetivos. Debemos construir un Táchira fuerte y rico para los tachirenses, que lo demás vendrá por añadidura.
¿Cómo empezar?, empoderándonos de nosotros mismos, de nuestra tierra, de nuestros recursos y de nuestras habilidades. Ya no más estar mirando para otro lado, olvidando el gran tesoro que tenemos por desarrollar, y emulando nuestro himno regional, decir, “El hogar tachirense sonreirá”
¿Conoce algunos proyectos a la espera de condiciones para iniciar?
El único proyecto que se conoce es el decreto de las Zonas Económicas Especiales, el cual parece más bien una oferta de carácter electoral que de desarrollo, pues las Zonas Económicas Especiales no se decretan, se construyen

