Sarisariñama: el tepuy venezolano que esconde  el lugar de los mundos perdidos, en sus profundas simas

No es una montaña común. Forma parte del macizo Guayanés, una de las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra, que data de la era Paleoproterozoica. Su estructura es un enorme bloque de cuarcita y arenisca perteneciente a la formación Roraima, un material increíblemente duro que ha resistido la erosión durante eones —unidades de tiempo geológico de las más grandes en la historia de la Tierra—, creando estas mesetas de cimas planas y paredes verticales.

Maria L. Vivas V/ InfoRéplica+

Su nombre indígena, Sarisariñama-Jidi, proviene de la lengua de nuestros nativos ye’kuana y encierra una leyenda: se dice que un espíritu maligno habita en sus cuevas y que devora la carne humana con un escalofriante sonido: «Sari… sari…». Más allá del mito, este extraordinario lugar es un prodigio de la naturaleza que desafía las convenciones geológicas y alberga en su cima un secreto tan inmenso como profundo: las simas o sumideros más extraordinarios del mundo.

Ubicada en el sur del estado Bolívar, enclavado en la Amazonia venezolana, se encuentra uno de los lugares más fascinantes y misteriosos del planeta: el tepuy Sarisariñama. Esta montaña tabular, cuyo nombre en lengua ye’kuana encierra leyendas ancestrales, es famosa por albergar en su cima enormes simas circulares casi perfectas, dentro de las cuales la vida ha seguido un camino evolutivo propio, creando verdaderas «islas ecológicas» y valiéndole el título de «el lugar de los mundos perdidos».

Un laboratorio natural viviente con ecosistemas únicos y formaciones geológicas de hasta 100 millones de años