Resumimos exhaustivamente este esperado documento sobre nuestra época a la luz de la Doctrina social de la Iglesia, de carácter totalizante y programático
La Santa Sede ha publicado hoy la primera carta encíclica del papa León XIV, Magnifica humanitas, un documento de 111 páginas estructurado en una Introducción, cinco capítulos —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio; Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia; Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA; Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad; y La cultura del poder y la civilización del amor— dirigido a todos los fieles y abierto al mundo entero con una tesis central: como en todo cambio de época, la humanidad se encuentra ante la decisión de «levantar una nueva torre de Babel» o, siguiendo a san Agustín, «edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». Desde las primeras páginas, León XIV justifica la elección de su nombre pontificio, pues se adhiere sin reservas a la Rerum novarum de León XIII para sumar su voz a la tradición viva de la Iglesia.
Lejos de hilvanar una mera advertencia pastoral, el Santo Padre presenta un análisis riguroso que aplica la Doctrina social de la Iglesia (DSI) a lo que denomina «nuevos asuntos» del siglo XXI. Un discernimiento, en suma, «ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo».
Con un estilo argumentativo y una prosa que recuerdan la sobriedad de las crónicas internacionales, el Pontífice parte del «paradigma tecnocrático» denunciado por Francisco —el autor que más veces y con mayor importancia aparece citado en el texto— para reivindicar un humanismo que, si bien no teme a la técnica, se niega a ser esclavizado o reducido por ella.
A pesar de lo comentado, León XIV no pretende, como señala en el punto 97, «ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia», dando paso a una decena de documentos de los dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación, o de la Comisión Teológica Internacional —con especial preeminencia de la nota Antiqua et nova—, pues «el tema central es qué significa custodiar lo humano». Y es que «para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo».
Un programa: geopolítica, ecología y abusos
Solo en este contexto se entienden en su totalidad las referencias a la situación geopolítica —«Mientras las distancias entre los pueblos aumentan, se abren camino lógicas de confrontación y de agresividad, y el difícil recorrido hacia un mundo más unido y fraterno sufre nuevos y dolorosos contratiempos. En este marco, hablar de un camino compartido hacia un desarrollo más justo para toda la familia humana “suena a delirio”. Pero no podemos perder la esperanza (…) Cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable»—, la ecología integral, la justicia para con los pobres o la gestión de los abusos en el seno de la Iglesia —«La escucha de las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención (…) Han de promoverse formas regulares de evaluación del ejercicio de las responsabilidades ministeriales, que no sean un juicio sobre las personas, sino instrumentos de formación y de corrección orientados a la misión»—, que confieren al documento un carácter totalizante y programático.


